miércoles, 8 de octubre de 2014

Lucha mental

Recuerdo una reflexión de la última película de Rocky que decía algo como esto: No importa el número de veces que te caigas, sino las veces que te pones de pie. La fuerza de voluntad, de lucha es algo que se pierde con la incertidumbre y el temor. Es muy importante que no perdamos fuerzas para luchar.

Uno debe estar constantemente luchando con su mente, dominándola, apaciguándola. Los pensamientos son crueles y surgen sin control. Es por esto que uno debe mantener dominio de lo que piensa y desea.

Este trabajo no se puede llevar a cabo en un par de semanas, debe ser constante. Uno nunca sabe cuando una decaída mental nos puede pasar la cuenta y afectarnos de sobremanera. Uno nunca sabe...

martes, 7 de octubre de 2014

Redes de cemento

Camino de manera desesperada, por las calles de la ciudad.
Lejanas y frías, las siento. Tratando de apoderarse de mi corazón.
¡No! ¡No puedo rendirme! La cobardía de lado debo dejar, el miedo de un tiro matar.
Camino sin rumbo, cabeza gacha, como si buscara algo, pero no lo encuentro.
¿Qué es lo que busco? ¿Es a ti? No, no eres tú. ¿Acaso será mi valentía? Tampoco.
¿Qué es lo que mi alma perdió y que no me doy cuenta?
¿A dónde quiere ir mi corazón a estas horas?
Solitario, valiente, luchador, pero sin compañía, sin amor.
Camino de manera sesgada por la vida, sin un claro objetivo.
Sólo espero, el alma descubrir, el corazón latir, tu cara descubrir.
Volver a ser feliz. 

jueves, 2 de octubre de 2014

La búsqueda de la felicidad

Amo caminar rápido. Me hace sentir externo frente a la sociedad, ante la gente que repite una rutina todos los días. Me siento ajeno de risas, llantos, gritos, insultos, ruidos, olores, sabores, texturas, en fin, tanta cosa que me rodea.

Camino sin rumbo, quizás tratando de escapar de un mundo al cual no considero como mío. Tratando de engañar al tiempo, de moverme libremente sin que mi presencia sea detectada, pero consigo lo contrario. La gente me observa, como si supieran que no pertenezco a ellos. Yo confronto sus miradas, tratando de buscar algo que no sé que es. Tratando de entender tantas cosas que no poseen explicación para mí.

Busco lugares vacíos para poder contemplar el paisaje y convivir en paz con mis pensamientos. Intento romper esas cadenas invisibles que me atan a este mundo. Intento dirimir si realmente mi deseo es dejar este lugar, si realmente quiero que mi alma se libere y vuele al infinito, a ese espacio que tanto admiro y que deseo conocer.

Mis pensamientos giran en mi mente, una y otra vez. Las ideas se aglutinan y me confunden, por lo cual comienzo a eliminar a aquellas que creo que no me sirven. Todo sea por lograr una postura frente a mi ser.

El sonido que produce el viento en los árboles me tranquiliza. Observo aquel espectáculo como si fuera el show más maravilloso del mundo. Río. Mi vista una vez más vuelve al frente, pero sin observar.

Camino entre la gente, como uno más. Tratando de comprender las ramificaciones existentes. De la nada alguien me mira y sonríe. Yo hago lo mismo. No sé quién es y nunca me enteraré. Pero su sonrisa queda, al igual que la mía.

Mi problema es que me carga la monotonía. Quizás por eso soy tan antisocial. No es que la gente me caiga mal, para nada. Pero siempre busco la forma de ser diferente, de tratar de ofrecerle algo distinto al mundo. Como no lo logro me aíslo, buscando la forma de sobresalir, pero no de destacar. De ser alguien con un estilo propio y no una mera copia de otros. Eso busco y por eso deseo liberarme.

Miro las estrellas porque son todas distintas, miro el espacio porque sólo hay soledad. Observo la galaxia, maravillosa, mágica, distinta. He ahí la llave de mi destino, es en este punto que el mundo tiene sentido para mí.

Espero encontrar mi propio ser para poder mostrarlo al mundo. Para sentirme libre dentro de esta cárcel llamada sociedad. Para mirarme al espejo y darme cuenta que mi interior es feliz, distinto e inexpugnable.

No es tarea fácil.  

martes, 15 de julio de 2014

La decisión

La noche cae sobre mí con todo su peso
No tengo más que mi poca valentía para afrontar este desafío
Siento que la oscuridad se apodera de mi ser, de mi alma.
Oh, maldita mi suerte, maldito mi destino.
Muérete ahora, déjame en paz, no quiero saber de ti,
no quiero que me abraces. Déjame tranquilo.
Miro hacia el cielo buscando una salida,
observo con paciencia la forma de salir.
Desenfundo la pistola que llevó en la parte trasera de mi pantalón,
la observo y acaricio como si fuera un tesoro muy apreciado.
Reflexiono un par de minutos buscando una solución.
Soy cobarde, lo sé.
No fui capas de luchar y ahora deseo tomar la decisión más simple.
Observo detenidamente la pistola una vez más.
Me observo por unos minutos.
Tiro la pistola lo más lejos que puedo y emprendo camino.
Si he de morir que sea con valentía, mirando a la cara a mi destino,
contemplando con valentía tu corazón, ese corazón que tanto miedo me daba,
y que por cobarde perdí para siempre. 

jueves, 13 de febrero de 2014

El tesoro perdido.

¿Qué será de ella? ¿Alguna vez se habrá fijado en mí? ¿Sabrá de mi existencia?- Éstas eran algunas de las preguntas que no dejaban tranquilo la mente del joven aventurero que se adentraba más y más en un profundo y oscuro bosque.

Había decidido partir de su pueblo natal en búsqueda de una cosa, que él no tenía muy claro lo que era, pero que sabía era muy valiosa. Llevaba meses caminando por aquel lúgubre lugar, sin más compañía que sus profundos y desesperantes pensamientos.

Él nunca se declaró a la mujer que amaba. La causa no la sabía. Pensaba que era miedo al rechazo, pero a la vez creía que era miedo a perderla. Lo único que sí sabía era que el miedo se había apoderado de él y que le había quitado un tesoro muy valioso. Fue por eso que una fría mañana de otoño, bajo una fuerte y fría lluvia, decidió partir a buscar ese tesoro que le había sido arrebatado.

El camino era uno solo, no tenía como perderse, pero él presentía que hace rato estaba bagando por aquel lugar; dando vueltas en círculos, sin un destino fijo. Las esperanzas se le iban, así como las fuerzas y las ganas. Ese amor que sentía por aquella chica, día a día se iba desvaneciendo, sin que él pudiera darse cuenta.

Su mente era la única conexión con aquel ser amado, al cual nunca había demostrado su amor y del cual no sabía si poseía los mismos sentimientos. Y fue justo cuando su cabeza dejo de recordarla, el momento en que él cayó en un gran abismo.

Despertó de la caída muy adolorido, con varias llagas y sin poder mover ningún músculo. Fue en ese entonces cuando un ser extraño apareció. Él intentaba ver quien era, pero sus fuerzas no dieron más y perdió el conocimiento.

Al abrir nuevamente los ojos, se dio cuenta que había vuelto al bosque, que no poseía ninguna herida y que no habían rastros de aquel ser que se había acercado a su persona después de la supuesta caída. Al ponerse de pie y continuar el viaje, sintió un escalofrío en la nuca, ante lo cual dio un brusco giro y se dio cuenta de la existencia de un ser iluminado que estaba a centímetros de su cuerpo.

El ente que estaba al frente de él vestía trajes dorados, que iluminaban todo el lugar, no poseía extremidades, y protegía su cabeza por un largo y hermoso velo. Él, con mucho miedo, se acercó y sacó el velo al extraño ser. Mayúscula fue su sorpresa al darse cuenta que su rostro era idéntico al de la mujer que él amaba. El viajero no podía comprender qué sucedía, y antes de poder emitir palabra, el fantasma dijo con una dulce voz de mujer: "El miedo se había apoderado de tu cabeza y de tu corazón. Tu amor había sido engullido por un manto oscuro de terror y desesperación, pero lograste recobrar ese "algo" que habías perdido para volver a ser tú".Tras escuchar la ultima palabra, la mujer desapareció sin dejar rastro. El hombre se dio cuenta que se encontraba cerca de su hogar y se devolvió corriendo a su pueblo.

Lo primero que hizo fue ir a la casa de la mujer que amaba a declarar su amor. Al fin había vuelto su valentía.

El final de la historia es el típico de las novelas cursis. Por supuesto, un final feliz. Ambos fueron felices y vivieron felices por siempre, llevando en frente la valentía para poder demostrar su amor hacia el otro. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Prisionero espiritual

Cuando inicias un largo viaje es inevitable que tu imaginación se eche a volar. No puedes estar concentrado todo el tiempo que dure el viaje. Por eso la mente se apodera de de ti y lentamente hace que dejemos de lado la realidad para sumergirte al mundo de los sueños. 

A todos nos pasa; de hecho hay ciertas personas que viven en un estado de constante imaginación. Una utopía mental de la cual no se pueden desprender, porque es perfecta, es simple, los hace felices. Un mundo en el cual todo es como lo deseas, donde eres superhéroe, estrella de rock o simplemente eres quien tu deseas ser, dejando de lado ese traje que te ves obligado a usar en la fría realidad. 

Mi sueño es siempre el mismo, es simple. Me imagino flotando en el espacio, con la Tierra a mis pies, vestido con túnicas oscuras. Dando vueltas sin sentido, sin rumbo aparente. Todo normal hasta el punto en que comienzo a caer. La desesperación viene inmediatamente a mi ser, tengo la sensación de que pronto tocaré el suelo y será el fin. De la nada me detengo; la Tierra ya no está a mis pies. Pero hay algo distinto, una luz al frente mío, brillante y blanca. Observo que se acerca hacia dónde estoy yo, haciéndose cada vez más grande. Pero cuando está a punto de llegar a mi lugar, desaparece.

Siempre es lo mismo, cada vez que duermo, cada noche, cada vez que sueño. Esto me tiene intrigado, pero no desesperado. Siento que la luz es algo bueno. Me da tranquilidad, a pesar de no saber qué es o quién es. Recuerdo esos sueños de antaño, cuando compartía feliz de la vida con una mujer (aparentemente era mi polola en el sueño), disfrutando de la vida. Pero nunca pude distinguirle su rostro. Por mucho pensé que era un presagio, pero ese sueño nunca se convirtió en realidad.

El subconsciente es engañoso; traicionero y cruel cuando se lo desea. Por eso a veces pienso que mi principal enemigo no está en la calle, sino que en mi propia mente. Es debido a esto que no me siento feliz en este mundo y no me siento parte de él, porque sé que mi espíritu no es feliz aquí, en este cuerpo y en este lugar. Me gustaría volar por el espacio, sintiendo los fríos rayos de Sol atravesando mi alma; contemplando cómo viajan las estrellas y cómo son otros planetas. 

Tengo la fe de que algún día encontraré ese algo que me falta, ese complemento que me hará ser feliz y que me permita por fin dejar este lugar. Esa persona o ese algo que me brinde alas y me dé el mejor regalo que me puedan dar, la libertad.


lunes, 4 de noviembre de 2013

El diferente en un mundo diferente.

Nunca comprendió por qué era diferente. Jamás entendió la razón por la cual era mejor estar solo que acompañado por sus pares. En ningún momento se sintió parte de este mundo. No sentía igual que los demás, no se reía de las mismas cosas. Por eso cuando tuvo la posibilidad de dejar todo y partir, no lo dudó por un instante. Partió en búsqueda de algo, de alguien o de cualquier cosa que le brindara lo que hace tiempo añoraba. La historia dice que jamás regresó a esta minúscula mota de polvo. Nadie nunca supo si realmente logró hallar lo que esta tierra y sus habitantes nunca pudieron brindarle. Pero lo único claro, es que desde el momento que emprendió su viaje, la felicidad nunca lo abandonó.