viernes, 16 de octubre de 2015

Miedo

Siempre me he preguntado a qué le temo.
¿Será a la vergüenza? No. Es al rechazo. Sí, eso sí.
¿Por qué me atemoriza tanto ser rechazado?
¿Cómo es que le temo a una simple respuesta negativa?
Si es algo que no me matará.
¿Será que le tengo miedo a enfrentar el camino largo?
¿Quizás quiero que todo sea fácil y bonito?
Cómo soy tan tonto si sé que el mundo es cruel. 
Muchas puertas se cerrarán, muchas veces te dirán que no. 
Pero qué chucha importa. 
Tanto dice que eres valiente y en el fondo sabes que eres un vil cobarde. 
Demuestra la valentía que dices poseer. 
Es simple. 
No temas a lo que no conoces. 
No temas a buscar otras alternativas.
A veces es mejor recorrer el camino largo.
Así aprendes más, valoras más tu sacrificio y esfuerzo. 
Aprende eso. 
Atrévete.
No seas un cobarde. 
El mundo es cruel.
Quienes se atreven a cruzar el río son los que encuentran el éxito.
Entonces, ¿qué cresta esperas?
Reacciona. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Ventana

¿Te has puesto a mirar el cielo desde tu ventana?
Yo sí. Siempre. Era uno de mis pasatiempos favoritos.
Con lluvia, nublado o despejado, me daba igual.
Pasaba horas contemplando el cielo. Embobado.
Hasta el día de hoy no logro explicar por qué lo hacía.
Sólo sé que sentía una atracción hacia el cielo.
A veces pasaba noches enteras mirando por mi ventana.
Veía pasar las estrellas; la Luna me bañaba con su luz.
Sentía el ruido de los perros ladrando.
¿Qué es lo que buscaba?
Había algo que me atraía.
¿Habrá sido la Luna?
¿Las estrellas?
No.
Era una sensación que nacía desde mis entrañas.
Como si una fuerza quisiese salir de mi interior.
Ser libre.
Quizás sienta que este mundo es una celda.
Tal vez.
Puede que me sienta prisionero.
También puede que quiera conocer más allá de lo conocido.
Puede que ahí esté el lugar donde realmente me sienta feliz.
Ese lugar donde me sienta libre y no detenido.
No lo sé.
Por eso por mientras sigo viendo el cielo desde mi ventana.
Esperanzado en que algún día ya no lo haré.
Uno de estos días miraré desde el cielo la ventana,
por la cual tantas veces contemplé el cielo y diré "soy libre". 

jueves, 24 de septiembre de 2015

Desconfianza

Revisar cada noche el horóspoco que Yolanda Sultana -astróloga y mentalista según su cuenta de Twitter- publica a través de la red social del pajarito azul se ha vuelto una costumbre. Nunca me ha gustado la astrología, pero siempre acudo a ella cuando me siento falto de confianza, carente de seguridad y con temor. Acudo a sus posteos cuando la mente me domina y yo no soy capaz de controlarla. Cobrando vida propia y nublando mi juicio.

Últimamente me siento así. Decaído, agotado, exhausto. Es una mezcla de emociones que logran superar mi pequeña resistencia y apoderarse de mis pensamientos.

Cuando la confianza es escasa nada resulta como esperas. La inseguridad te nubla y no te permite desenvolverte de la mejor manera. Afecta tu desempeño y te limita -mental y físicamente-.

Es difícil entrenar una mente fuerte, impenetrable para esos sentimientos de inseguridad que desean apoderarse de ti.

¡Es difícil! Más aún cuando no confías en ti, en tus capacidades y te preocupas más de observar los logros ajenos y despreciarte. Te nubla. Te hace mal. Genera envidia y odio. Malos sentimientos innecesarios, pero que tu cerebro es capaz de generar ante esa salvaje sensación de miedo y de debilidad.

¿Por qué me preocupo? No lo sé. Será porque quiero alcanzar supuestas metas que parecen importantes, pero que no te aseguran éxito ni felicidad. O será que aún falta camino para poder saborear el manjar de éxito y el desarrollo profesional. ¿El miedo se apoderó de mí? ¿La inseguridad me ganó?

Puede que sí. Siempre me he desvalorado. Debería aprender a apreciar más mis logros y a reconocer mis límites. Es importante reconocer los errores propios. Y no rendirse. Continuar.

Al final no importa el camino que debas cruzar, lo importante es que lo hagas de buena manera y no te juzgues por no haber podido atravesar el más simple cuando no tenías la capacidad suficiente para hacerlo. Quizás hay que sufrir un poco para ser mejor y valorar más las cosas.

Pero lo fundamental es ser humilde y seguir aprendiendo. 

domingo, 6 de septiembre de 2015

¡Da vuelta la página!

¿Por qué será que nos cuesta tanto dar vuelta la página? Siempre que nos pasa algo malo o vivimos alguna situación ingrata en el trabajo, con amigos o en nuestra familia, nos queda dando vueltas esa situación en la cabeza constantemente, bloqueando la posibilidad de avanzar y -muchas veces- de perdonar.

Esas heridas mentales aparecen, como si fueran fantasmas negativos, en los momentos menos esperados, cuando nos sentimos tristes o dudamos de nuestras capacidades.

He buscado mil formas de poder alejar esos recuerdos negativos, pero no he podido dejar que se alejen de mi mente.

Como siempre están ahí, bloqueando mi mente, no me permiten desempeñarme o hacer cosas libremente, sin miedos o dudas.

Habrá que comprender que aunque nos duela, el pasado siempre estará ahí. Por lo cual hay que dejar de considerarlo como peso extra, sino más bien convertirlo en algo positivo.

Aunque suene cliché, de los errores, de loa malos ratos y de las situaciones negativas uno aprende. Con eso debemos quedarnos. Es lo único que sirve y es lo que finalmente te hace crecer.

Al fin de cuentas en la vida todo es aprendizaje. Al fin y al cabo todos somos humanos y por ende erramos.

¿Qué sacamos con amargarnos con malas experiencias si al final hay miles de oportunidades para demostrar que lo que importa es el presente y todo lo malo lo utilizamos para ser felices el día de mañana?

Loa fantasmas del pasado deben convertirse en oportunidades para el futuro. En ayuda para crecer y no un obstáculo que no te deje avanzar hacia el futuro.

sábado, 11 de julio de 2015

Alta edificación

Siempre me han fascinado los edificios altos. Quizás esa sea una de las razones por las cuales me vine a vivir a Santiago. Ver todos los días como los edificios intentan tocar el cielo y desaparecer más allá de las nubes. 

Me encanta que mi mirada se pierda buscando el final de la torre. Es como si buscara desesperadamente una reliquia personal que piensas se te perdió. 

Pienso cómo será la vista desde las alturas. Sentir la adrenalina del aire fresco, del viento en tu cara. De ver cómo el mundo que creías tan inmenso, en verdad es tan pequeño. Como, por un segundo, te crees el rey del universo, un ser superior que está por sobre todos. 

A veces siento que al caminar por el centro de Santiago, lo hago por un bosque, gris, frío, pero atractivo. Es difícil describir la sensación que se apodera de mí internamente. No sé cómo explicar lo que siento al caminar por el centro y contemplar las edificaciones. 

Los edificios son como grandes árboles, que nunca se marchitan, que no mutan. Porque aunque intenten modificar su estructura o imagen, sigue manteniendo la misma esencia. 

¿De cuántas vidas es sostén cada edificio que hay en Santiago? ¿Cuántos sueños esconden esas paredes? ¿Cuántas mentiras, amoríos, fracasos, llantos, alegrías, peleas, sentimientos de amargura?

No lo sé. Me gustaría saberlo. Los edificios son como libros, cuyas paredes hacen de portada y que en su interior hay miles de páginas, con diferentes tomos y capítulos. Cuyas letras están hechas de carne, sangre y huesos. 

¿Qué debe sentir quién vive en lo más alto? ¿Se sentirá superior a los demás? ¿Pensará que está solo?

¿Qué es lo que dice ese capítulo de ti?

¿Cuántas páginas de ese libro son sobre ti?


¿Cuál es el peso que aguantas sobre tus cimientos?

lunes, 27 de octubre de 2014

Las estrellas

Las estrellas fugaces pasan frente a mis ojos.
Siento que danzan frente a mis ojos. 
Miles atraviesan el oscuro espacio, dejando una estela de luz en ella.
El firmamento es rasgado por estas estrellas, que dejan blancas heridas en ella.
El silencio de la noche es opacado por el viento que me susurra cosas al oído.
"Vuela con ellas" me dice una voz misteriosa.
Eso quiero, volar con ellas, desaparecer en el espacio. Ser parte del lienzo estelar.
Siento como los demás astros me contemplan, inmóviles.
Los vuelvo a ver y ya no son inmóviles, danzan frente a mí. 
Siento como la voz de antes se multiplica al punto de ser lo único que mis oídos escuchan.
Desaparezco de la faz de la tierra, aparezco en el espacio. Flotando en el vacío.
Siento el frío del espacio recorrer mi cuerpo. 
Siento como me traslado por el espacio, siguiendo la rutina de los astros.
Todos estamos en una armonía maravillosa. 
Agarro mis pies y adquiero una posición fetal. 
Así, tratando de emular un círculo, comiendo a moverme.
Tranquilo giro y siento el calor del Sol.
Las estrellas me sonríen y se alegran. 
Ellas giran al rededor mío y se van.
Todos somos felices girando en torno al Sol.
Esa perfecta armonía me apasiona. 
Hay paz, tranquilidad, silencio, espacio. 
Cierro los ojos por un segundo y vuelvo a la tierra. 
No estoy triste. Me siento libre, feliz. 
Miro al cielo y contemplo a las estrellas. 
Ellas ríen junto conmigo. 
La Luna sonríe. 
El Sol también. 
Yo continúo con mi vida. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Deseos de libertad



Hace poco comencé a contemplar el mundo de manera distinta. Ahora cuando observo los árboles no veo simples hojas que se menean al compás del viento...¡No! Ahora son aves que revolotean con el fin de escapar, con el fin de emprender ese vuelo eterno, ese viaje infinito hacia lugares mágicos, desconocidos. A enfrentar nuevos desafíos. Con ganas de luchar y dejar el árbol que las vio nacer. Quieren luchar, quieren conocer otros árboles, otras hojas, otras primaveras.

El viento es su aliada, ella las ayuda lo más que puede, pero dejar el nido no es fácil. Ellas deben luchar con todas sus fuerzas para despegarse, para emprender ese viaje eterno, rebelde, peligroso. Nada es sencillo. Todo es complejo. Aunque en ocasiones parece tan simple que la solución desaparece a nuestra vista. 

Oh destino, oh futuro. A veces siento que soy una hoja más de ese árbol. Que quiere volar, que revolotea sus alas lo más fuerte que puede con el fin de liberarse. Quiero sentir esa libertad. Quiero luchar, quiero caer para volver a elevarme. No quiero ser una simple hoja de un árbol, destinada a morir pronto. A no conocer más que un radio pequeño. Mi alma añora una libertad que creo no haber tenido. Deseo conocer lugares inimaginables e inexplicables. Quiero que mi vista se deslumbre. Quiero volar.

Pero aquí estoy. Pensativo. Preparando mis alas para que cuando una vez más el viento venga a ayudarnos yo pueda revolotear con todas mis fuerzas, y quién sabe...Quizás sea la ocasión en la cual alcance la libertad y emprenda ese viaje que mi alma tanto desea.