lunes, 2 de diciembre de 2013

Prisionero espiritual

Cuando inicias un largo viaje es inevitable que tu imaginación se eche a volar. No puedes estar concentrado todo el tiempo que dure el viaje. Por eso la mente se apodera de de ti y lentamente hace que dejemos de lado la realidad para sumergirte al mundo de los sueños. 

A todos nos pasa; de hecho hay ciertas personas que viven en un estado de constante imaginación. Una utopía mental de la cual no se pueden desprender, porque es perfecta, es simple, los hace felices. Un mundo en el cual todo es como lo deseas, donde eres superhéroe, estrella de rock o simplemente eres quien tu deseas ser, dejando de lado ese traje que te ves obligado a usar en la fría realidad. 

Mi sueño es siempre el mismo, es simple. Me imagino flotando en el espacio, con la Tierra a mis pies, vestido con túnicas oscuras. Dando vueltas sin sentido, sin rumbo aparente. Todo normal hasta el punto en que comienzo a caer. La desesperación viene inmediatamente a mi ser, tengo la sensación de que pronto tocaré el suelo y será el fin. De la nada me detengo; la Tierra ya no está a mis pies. Pero hay algo distinto, una luz al frente mío, brillante y blanca. Observo que se acerca hacia dónde estoy yo, haciéndose cada vez más grande. Pero cuando está a punto de llegar a mi lugar, desaparece.

Siempre es lo mismo, cada vez que duermo, cada noche, cada vez que sueño. Esto me tiene intrigado, pero no desesperado. Siento que la luz es algo bueno. Me da tranquilidad, a pesar de no saber qué es o quién es. Recuerdo esos sueños de antaño, cuando compartía feliz de la vida con una mujer (aparentemente era mi polola en el sueño), disfrutando de la vida. Pero nunca pude distinguirle su rostro. Por mucho pensé que era un presagio, pero ese sueño nunca se convirtió en realidad.

El subconsciente es engañoso; traicionero y cruel cuando se lo desea. Por eso a veces pienso que mi principal enemigo no está en la calle, sino que en mi propia mente. Es debido a esto que no me siento feliz en este mundo y no me siento parte de él, porque sé que mi espíritu no es feliz aquí, en este cuerpo y en este lugar. Me gustaría volar por el espacio, sintiendo los fríos rayos de Sol atravesando mi alma; contemplando cómo viajan las estrellas y cómo son otros planetas. 

Tengo la fe de que algún día encontraré ese algo que me falta, ese complemento que me hará ser feliz y que me permita por fin dejar este lugar. Esa persona o ese algo que me brinde alas y me dé el mejor regalo que me puedan dar, la libertad.