¿Qué será de ella? ¿Alguna vez se habrá fijado en mí? ¿Sabrá de mi existencia?- Éstas eran algunas de las preguntas que no dejaban tranquilo la mente del joven aventurero que se adentraba más y más en un profundo y oscuro bosque.
Había decidido partir de su pueblo natal en búsqueda de una cosa, que él no tenía muy claro lo que era, pero que sabía era muy valiosa. Llevaba meses caminando por aquel lúgubre lugar, sin más compañía que sus profundos y desesperantes pensamientos.
Él nunca se declaró a la mujer que amaba. La causa no la sabía. Pensaba que era miedo al rechazo, pero a la vez creía que era miedo a perderla. Lo único que sí sabía era que el miedo se había apoderado de él y que le había quitado un tesoro muy valioso. Fue por eso que una fría mañana de otoño, bajo una fuerte y fría lluvia, decidió partir a buscar ese tesoro que le había sido arrebatado.
El camino era uno solo, no tenía como perderse, pero él presentía que hace rato estaba bagando por aquel lugar; dando vueltas en círculos, sin un destino fijo. Las esperanzas se le iban, así como las fuerzas y las ganas. Ese amor que sentía por aquella chica, día a día se iba desvaneciendo, sin que él pudiera darse cuenta.
Su mente era la única conexión con aquel ser amado, al cual nunca había demostrado su amor y del cual no sabía si poseía los mismos sentimientos. Y fue justo cuando su cabeza dejo de recordarla, el momento en que él cayó en un gran abismo.
Despertó de la caída muy adolorido, con varias llagas y sin poder mover ningún músculo. Fue en ese entonces cuando un ser extraño apareció. Él intentaba ver quien era, pero sus fuerzas no dieron más y perdió el conocimiento.
Al abrir nuevamente los ojos, se dio cuenta que había vuelto al bosque, que no poseía ninguna herida y que no habían rastros de aquel ser que se había acercado a su persona después de la supuesta caída. Al ponerse de pie y continuar el viaje, sintió un escalofrío en la nuca, ante lo cual dio un brusco giro y se dio cuenta de la existencia de un ser iluminado que estaba a centímetros de su cuerpo.
El ente que estaba al frente de él vestía trajes dorados, que iluminaban todo el lugar, no poseía extremidades, y protegía su cabeza por un largo y hermoso velo. Él, con mucho miedo, se acercó y sacó el velo al extraño ser. Mayúscula fue su sorpresa al darse cuenta que su rostro era idéntico al de la mujer que él amaba. El viajero no podía comprender qué sucedía, y antes de poder emitir palabra, el fantasma dijo con una dulce voz de mujer: "El miedo se había apoderado de tu cabeza y de tu corazón. Tu amor había sido engullido por un manto oscuro de terror y desesperación, pero lograste recobrar ese "algo" que habías perdido para volver a ser tú".Tras escuchar la ultima palabra, la mujer desapareció sin dejar rastro. El hombre se dio cuenta que se encontraba cerca de su hogar y se devolvió corriendo a su pueblo.
Lo primero que hizo fue ir a la casa de la mujer que amaba a declarar su amor. Al fin había vuelto su valentía.
El final de la historia es el típico de las novelas cursis. Por supuesto, un final feliz. Ambos fueron felices y vivieron felices por siempre, llevando en frente la valentía para poder demostrar su amor hacia el otro.
Había decidido partir de su pueblo natal en búsqueda de una cosa, que él no tenía muy claro lo que era, pero que sabía era muy valiosa. Llevaba meses caminando por aquel lúgubre lugar, sin más compañía que sus profundos y desesperantes pensamientos.
Él nunca se declaró a la mujer que amaba. La causa no la sabía. Pensaba que era miedo al rechazo, pero a la vez creía que era miedo a perderla. Lo único que sí sabía era que el miedo se había apoderado de él y que le había quitado un tesoro muy valioso. Fue por eso que una fría mañana de otoño, bajo una fuerte y fría lluvia, decidió partir a buscar ese tesoro que le había sido arrebatado.
El camino era uno solo, no tenía como perderse, pero él presentía que hace rato estaba bagando por aquel lugar; dando vueltas en círculos, sin un destino fijo. Las esperanzas se le iban, así como las fuerzas y las ganas. Ese amor que sentía por aquella chica, día a día se iba desvaneciendo, sin que él pudiera darse cuenta.
Su mente era la única conexión con aquel ser amado, al cual nunca había demostrado su amor y del cual no sabía si poseía los mismos sentimientos. Y fue justo cuando su cabeza dejo de recordarla, el momento en que él cayó en un gran abismo.
Despertó de la caída muy adolorido, con varias llagas y sin poder mover ningún músculo. Fue en ese entonces cuando un ser extraño apareció. Él intentaba ver quien era, pero sus fuerzas no dieron más y perdió el conocimiento.
Al abrir nuevamente los ojos, se dio cuenta que había vuelto al bosque, que no poseía ninguna herida y que no habían rastros de aquel ser que se había acercado a su persona después de la supuesta caída. Al ponerse de pie y continuar el viaje, sintió un escalofrío en la nuca, ante lo cual dio un brusco giro y se dio cuenta de la existencia de un ser iluminado que estaba a centímetros de su cuerpo.
El ente que estaba al frente de él vestía trajes dorados, que iluminaban todo el lugar, no poseía extremidades, y protegía su cabeza por un largo y hermoso velo. Él, con mucho miedo, se acercó y sacó el velo al extraño ser. Mayúscula fue su sorpresa al darse cuenta que su rostro era idéntico al de la mujer que él amaba. El viajero no podía comprender qué sucedía, y antes de poder emitir palabra, el fantasma dijo con una dulce voz de mujer: "El miedo se había apoderado de tu cabeza y de tu corazón. Tu amor había sido engullido por un manto oscuro de terror y desesperación, pero lograste recobrar ese "algo" que habías perdido para volver a ser tú".Tras escuchar la ultima palabra, la mujer desapareció sin dejar rastro. El hombre se dio cuenta que se encontraba cerca de su hogar y se devolvió corriendo a su pueblo.
Lo primero que hizo fue ir a la casa de la mujer que amaba a declarar su amor. Al fin había vuelto su valentía.
El final de la historia es el típico de las novelas cursis. Por supuesto, un final feliz. Ambos fueron felices y vivieron felices por siempre, llevando en frente la valentía para poder demostrar su amor hacia el otro.