Nunca comprendió por qué era diferente. Jamás entendió la razón por la cual era mejor estar solo que acompañado por sus pares. En ningún momento se sintió parte de este mundo. No sentía igual que los demás, no se reía de las mismas cosas. Por eso cuando tuvo la posibilidad de dejar todo y partir, no lo dudó por un instante. Partió en búsqueda de algo, de alguien o de cualquier cosa que le brindara lo que hace tiempo añoraba. La historia dice que jamás regresó a esta minúscula mota de polvo. Nadie nunca supo si realmente logró hallar lo que esta tierra y sus habitantes nunca pudieron brindarle. Pero lo único claro, es que desde el momento que emprendió su viaje, la felicidad nunca lo abandonó.