Sin lugar a dudas es una de las experiencias más maravillosas que me ha tocado vivir. Contemplar la inmensidad de la Tierra desde el espacio es un evento único, inigualable. Pensar en la fragilidad de mi hogar, de su gente, de todos quienes habitan en el planeta. Mientras, yo me dejo llevar en el universo; uniéndome a la oscuridad, dejando que mi alma abandone mi cuerpo. Al mirar desde el espacio siento que me desprendo de la vida terrestre, que por fin soy capaz de alejarme de todo y de todos. Finalmente encontré esa paz que tanto anhelaba. Logré alejarme de la igualdad, y encontrar la diferencia en la soledad. Por eso prefiero no volver, perderme en la inmensidad del espacio, conocer nuevas galaxias. Al fin y al cabo, soy feliz siendo tu vigilante, cuidándote de los peligros que te rodean. Amo ser astronauta, y espero que este sueño nunca llegue a su fin...Ahora soy feliz, solo con la eternidad, siendo tu vigía.
viernes, 27 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
El cambio del amor
Me gusta contemplar tu mirada,
ese resplandor maravilloso cuando sonríes.
Tú haces tu vida, yo la mía,
siempre ha sido así.
Me gusta soñar con un mundo distinto,
en el cual tú y yo estamos juntos.
Una linda utopía sin sentido,
porque sólo pienso en mí.
El amor es egoísmo,
mucho egoísmo.
Por eso prefiero seguir así,
viendo como eres feliz,
como te desarrollas plenamente.
Pero algún día lucharé por ti,
no lo dudes.
El día en que aprenda que tu no eres mía,
sino que somos uno.
Que el amor es capaz de crear mundos,
sensaciones maravillosas.
Una nueva vida pronto llegará.
En la cual el amor sea entendido de forma diferente.
Como la unión de dos almas y dos espíritus.
Por mientras, seguiré siendo feliz al verte pasar.
ese resplandor maravilloso cuando sonríes.
Tú haces tu vida, yo la mía,
siempre ha sido así.
Me gusta soñar con un mundo distinto,
en el cual tú y yo estamos juntos.
Una linda utopía sin sentido,
porque sólo pienso en mí.
El amor es egoísmo,
mucho egoísmo.
Por eso prefiero seguir así,
viendo como eres feliz,
como te desarrollas plenamente.
Pero algún día lucharé por ti,
no lo dudes.
El día en que aprenda que tu no eres mía,
sino que somos uno.
Que el amor es capaz de crear mundos,
sensaciones maravillosas.
Una nueva vida pronto llegará.
En la cual el amor sea entendido de forma diferente.
Como la unión de dos almas y dos espíritus.
Por mientras, seguiré siendo feliz al verte pasar.
El camino de un solitario
Todas las noches tengo el mismo sueño: Yo, sólo, caminado a orillas del mar, descalzo. El cielo está nublado, corre un viento relativamente fuerte. El mar es gris y frío; las olas mojan con cierta brusquedad mis pies. Camino un largo rato por esa playa, sintiendo que no avanzo, escuchando el ruido de las olas, sin nadie más. Siempre es el mismo sueño, nada cambia...
Me gusta contemplar el mar, el ir y venir de las olas; el ruido característico de las gaviotas y la sensación de humedad en el aire. Siempre he asociado la costa con la soledad, con la reflexión; un lugar donde puedo cumplir mi sueño de dejar libre, aunque sea por un rato, mi alma y mis pensamientos. Un lugar para conocerse, para mirar como las huellas del pasado desaparecen y maravillarse con lo que viene.
Desde pequeño he sido solitario. No sé si por opción propia, pero si por temor. Me gusta y no me gusta estar sólo. Siempre me ha costado confiar, siempre me ha gustado dejar que el resto entre a mi vida. No lo sé, quizás nací para ser solitario. Un escorpión que recorre solo su camino, siempre alerta ante cualquier peligro y dispuesto a atacar cuando sea necesario.
Siento que el mundo te hace ser solitario. No es capaz de comprender cuando tú eres feliz en tu intimidad, cuando sientes que es mejor sentarte en el pasto a contemplar la inmensidad del cielo a tirar bromas sin sentido en un grupo. No crea que tengo algún grado de autismo, no. Pero no soy de esa mayoría que necesita estar con un gran grupo de personas para pasarlo mejor. Ah...Bueno, lo reconozco. Me gustaría tener más amigos, estar todo el día con ellos. También necesito atención externa de vez en cuando, pero no es algo que no me permita vivir. ¿Me deprime? Claro que sí, pero me hace más fuerte.
Siempre he pensado que este precoz paso por la tierra es para lograr un objetivo, y que la lucha que debo dar para cumplir la meta, debe ser dada de forma solitaria, sólo con la compañía de una espada y un fiel corcel. Por eso soy un gran soñador, porque ahí es donde me convierto en ese caballero medieval que siempre he querido ser. Ese caballero valiente, solitario y reconocido luchador. Cada día trabajo para ser uno, para poder hacer de la soledad una fortaleza, no una debilidad. Todos los días trabajo para que cuando sueñe con esa playa lúgubre y solitaria, sienta que es mi hogar, sienta que es ahí donde mi camino terminará algún día.
martes, 3 de septiembre de 2013
El laberinto interno.
No sé cuántas horas llevaré caminando. Mis piernas no dan más, la energía se fue, las ganas de salir con vida también. Miro hacía arriba buscando un rayo de luz que logre iluminar mi camino. Mi mirada lentamente asciende, pero nada puede ver. No logro distinguir la izquierda de la derecha, por eso no sé cuánto he caminado. Quizás llevo días y días caminando en círculos, gastando mis pilas hasta el inevitable final.
Decido descansar un momento. Me acuesto sobre el húmedo e incómodo suelo. Siento como algunos bichos festinan con mi debilitado organismo. - Ah, dejemos que sean felices- pienso. Mientras, mi cabeza gira y gira, desesperada, mareada, cada vez más ahogada de tanta humedad. Muchas ideas pasaban como ligeras aves por mi mente. Más de alguna se posaba y podía contemplarla; las demás, con suerte podía verlas. Ya no podía más.
Abrí los ojos nuevamente, sin tener noción del tiempo que había estado inconsciente. Trate de levantarme, pero fue inútil. A esas alturas mi cara estaba roja y ardía con gran intensidad. Mis labios, todos partidos, apenas los sentía, sólo saboreaba, gratamente, la sangre que corría hacia mi boca. Mi tórax estaba bien; la parte superior de mi cuerpo en general no presentaba problemas. Mis piernas resistían, a pesar de las profundas heridas que tenía una de ellas. Tras hacer una breve, pero detallada revisión de mi organismo, hice el último esfuerzo y logré ponerme de pie. No sacaba nada con detenerme un segundo más. Si seguía haciéndolo, más chances le daba a mi enemigo de apoderarse de mi mente y destruirme. No, no quería eso, quería seguir luchando, quería seguir hasta que se me agotaran las fuerzas.
No tenía rumbo fijo, pero sí una meta. No dejaría que el laberinto de mi alma me destruyera. Al fin y al cabo, era parte de mí, yo había creado ese laberinto y debía ser capaz de resolverlo. El bosque se transformaba a cada paso; ahora era un desierto, árido y seco. ¡Podía ver el cielo!, pero éste no era azul, era blanco, todo era de ese color. Un calor enorme se apoderó de mí. Pensé que me desmayaría, pensé que no lo lograría. Avancé unos pasos hasta desfallecer en un mar transparente. Todo lo que me rodeaba desapareció en un instante. Mientras me hundía, comencé a cerrar los ojos. Oí voces de personas que no logré reconocer. Ese mar invisible continuaba apoderándose de mí.
Cerré los ojos completamente, la oscuridad se apoderó del lugar. Pasaron unos breves segundos hasta que sobresaltado desperté. Fue ahí que me di cuenta que había sido derrotado y que el laberinto me había ganado. A pesar de eso, mañana quiero seguir intentándolo, quiero cruzar la selva, para poder encontrar la salida de mi alma interna.
Decido descansar un momento. Me acuesto sobre el húmedo e incómodo suelo. Siento como algunos bichos festinan con mi debilitado organismo. - Ah, dejemos que sean felices- pienso. Mientras, mi cabeza gira y gira, desesperada, mareada, cada vez más ahogada de tanta humedad. Muchas ideas pasaban como ligeras aves por mi mente. Más de alguna se posaba y podía contemplarla; las demás, con suerte podía verlas. Ya no podía más.
Abrí los ojos nuevamente, sin tener noción del tiempo que había estado inconsciente. Trate de levantarme, pero fue inútil. A esas alturas mi cara estaba roja y ardía con gran intensidad. Mis labios, todos partidos, apenas los sentía, sólo saboreaba, gratamente, la sangre que corría hacia mi boca. Mi tórax estaba bien; la parte superior de mi cuerpo en general no presentaba problemas. Mis piernas resistían, a pesar de las profundas heridas que tenía una de ellas. Tras hacer una breve, pero detallada revisión de mi organismo, hice el último esfuerzo y logré ponerme de pie. No sacaba nada con detenerme un segundo más. Si seguía haciéndolo, más chances le daba a mi enemigo de apoderarse de mi mente y destruirme. No, no quería eso, quería seguir luchando, quería seguir hasta que se me agotaran las fuerzas.
No tenía rumbo fijo, pero sí una meta. No dejaría que el laberinto de mi alma me destruyera. Al fin y al cabo, era parte de mí, yo había creado ese laberinto y debía ser capaz de resolverlo. El bosque se transformaba a cada paso; ahora era un desierto, árido y seco. ¡Podía ver el cielo!, pero éste no era azul, era blanco, todo era de ese color. Un calor enorme se apoderó de mí. Pensé que me desmayaría, pensé que no lo lograría. Avancé unos pasos hasta desfallecer en un mar transparente. Todo lo que me rodeaba desapareció en un instante. Mientras me hundía, comencé a cerrar los ojos. Oí voces de personas que no logré reconocer. Ese mar invisible continuaba apoderándose de mí.
Cerré los ojos completamente, la oscuridad se apoderó del lugar. Pasaron unos breves segundos hasta que sobresaltado desperté. Fue ahí que me di cuenta que había sido derrotado y que el laberinto me había ganado. A pesar de eso, mañana quiero seguir intentándolo, quiero cruzar la selva, para poder encontrar la salida de mi alma interna.
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