Me conformo con cosas simples. Una caminata por un parque o una tarde acostado en el pasto mirando el cielo. Solamente con la compañía de mis audífonos y buena música. Detener tu vida para poder apreciar las maravillas de la vida, mientras piensas un sin fin de cosas que sólo tienen sentido para ti.
Caminando por el parque puedo apreciar la vida de quienes me rodean, tan simples, muchos felices, otros tristes, pero todos concentrados en lo suyo, como si el resto de las personas sólo fueran adornos que en algo llegan a interferir tu vida. Ciclistas, niños, jóvenes, adultos, familias, parejas, pololos, solteros. Un sin fin de mundos se entrecruzan entre un sin fin de vegetación, edificios y ruido de ciudad.
Cuando me detengo a observar la vida de los demás, mi mundo se detuviera por varios minutos, mientras el resto pasa al frente mío sin saber de mis pensamientos y reflexiones. Escucho el canto de los pájaros, el ruido de los autos, la risa de los niños, el canto de unos jóvenes. Todo en perfecta armonía, en una mezcla perfecta.
Todos los fines de semana vuelvo en busca de nuevos mundos los cuales contemplar. Miles de sueños y recuerdos vienen a mi cabeza con mi observación. Memorias de niñez, de cuando la vida era más fácil, más simple. Sensaciones de felicidad y tristeza. De vidas que pasaron por tu lado y que hoy ya no están. De vidas que hoy contemplo y que espero volver a ver algún día.
Tras un par de minutos de reflexión, me levanto del suelo, pegó una última mirada a mi alrededor, y emprendo el regreso a casa. Es hora de seguir adelante, aprovechar lo bueno que pude rescatar y dejar que la vida fluya una vez más.
Caminando por el parque puedo apreciar la vida de quienes me rodean, tan simples, muchos felices, otros tristes, pero todos concentrados en lo suyo, como si el resto de las personas sólo fueran adornos que en algo llegan a interferir tu vida. Ciclistas, niños, jóvenes, adultos, familias, parejas, pololos, solteros. Un sin fin de mundos se entrecruzan entre un sin fin de vegetación, edificios y ruido de ciudad.
Cuando me detengo a observar la vida de los demás, mi mundo se detuviera por varios minutos, mientras el resto pasa al frente mío sin saber de mis pensamientos y reflexiones. Escucho el canto de los pájaros, el ruido de los autos, la risa de los niños, el canto de unos jóvenes. Todo en perfecta armonía, en una mezcla perfecta.
Todos los fines de semana vuelvo en busca de nuevos mundos los cuales contemplar. Miles de sueños y recuerdos vienen a mi cabeza con mi observación. Memorias de niñez, de cuando la vida era más fácil, más simple. Sensaciones de felicidad y tristeza. De vidas que pasaron por tu lado y que hoy ya no están. De vidas que hoy contemplo y que espero volver a ver algún día.
Tras un par de minutos de reflexión, me levanto del suelo, pegó una última mirada a mi alrededor, y emprendo el regreso a casa. Es hora de seguir adelante, aprovechar lo bueno que pude rescatar y dejar que la vida fluya una vez más.
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