jueves, 13 de febrero de 2014

El tesoro perdido.

¿Qué será de ella? ¿Alguna vez se habrá fijado en mí? ¿Sabrá de mi existencia?- Éstas eran algunas de las preguntas que no dejaban tranquilo la mente del joven aventurero que se adentraba más y más en un profundo y oscuro bosque.

Había decidido partir de su pueblo natal en búsqueda de una cosa, que él no tenía muy claro lo que era, pero que sabía era muy valiosa. Llevaba meses caminando por aquel lúgubre lugar, sin más compañía que sus profundos y desesperantes pensamientos.

Él nunca se declaró a la mujer que amaba. La causa no la sabía. Pensaba que era miedo al rechazo, pero a la vez creía que era miedo a perderla. Lo único que sí sabía era que el miedo se había apoderado de él y que le había quitado un tesoro muy valioso. Fue por eso que una fría mañana de otoño, bajo una fuerte y fría lluvia, decidió partir a buscar ese tesoro que le había sido arrebatado.

El camino era uno solo, no tenía como perderse, pero él presentía que hace rato estaba bagando por aquel lugar; dando vueltas en círculos, sin un destino fijo. Las esperanzas se le iban, así como las fuerzas y las ganas. Ese amor que sentía por aquella chica, día a día se iba desvaneciendo, sin que él pudiera darse cuenta.

Su mente era la única conexión con aquel ser amado, al cual nunca había demostrado su amor y del cual no sabía si poseía los mismos sentimientos. Y fue justo cuando su cabeza dejo de recordarla, el momento en que él cayó en un gran abismo.

Despertó de la caída muy adolorido, con varias llagas y sin poder mover ningún músculo. Fue en ese entonces cuando un ser extraño apareció. Él intentaba ver quien era, pero sus fuerzas no dieron más y perdió el conocimiento.

Al abrir nuevamente los ojos, se dio cuenta que había vuelto al bosque, que no poseía ninguna herida y que no habían rastros de aquel ser que se había acercado a su persona después de la supuesta caída. Al ponerse de pie y continuar el viaje, sintió un escalofrío en la nuca, ante lo cual dio un brusco giro y se dio cuenta de la existencia de un ser iluminado que estaba a centímetros de su cuerpo.

El ente que estaba al frente de él vestía trajes dorados, que iluminaban todo el lugar, no poseía extremidades, y protegía su cabeza por un largo y hermoso velo. Él, con mucho miedo, se acercó y sacó el velo al extraño ser. Mayúscula fue su sorpresa al darse cuenta que su rostro era idéntico al de la mujer que él amaba. El viajero no podía comprender qué sucedía, y antes de poder emitir palabra, el fantasma dijo con una dulce voz de mujer: "El miedo se había apoderado de tu cabeza y de tu corazón. Tu amor había sido engullido por un manto oscuro de terror y desesperación, pero lograste recobrar ese "algo" que habías perdido para volver a ser tú".Tras escuchar la ultima palabra, la mujer desapareció sin dejar rastro. El hombre se dio cuenta que se encontraba cerca de su hogar y se devolvió corriendo a su pueblo.

Lo primero que hizo fue ir a la casa de la mujer que amaba a declarar su amor. Al fin había vuelto su valentía.

El final de la historia es el típico de las novelas cursis. Por supuesto, un final feliz. Ambos fueron felices y vivieron felices por siempre, llevando en frente la valentía para poder demostrar su amor hacia el otro. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Prisionero espiritual

Cuando inicias un largo viaje es inevitable que tu imaginación se eche a volar. No puedes estar concentrado todo el tiempo que dure el viaje. Por eso la mente se apodera de de ti y lentamente hace que dejemos de lado la realidad para sumergirte al mundo de los sueños. 

A todos nos pasa; de hecho hay ciertas personas que viven en un estado de constante imaginación. Una utopía mental de la cual no se pueden desprender, porque es perfecta, es simple, los hace felices. Un mundo en el cual todo es como lo deseas, donde eres superhéroe, estrella de rock o simplemente eres quien tu deseas ser, dejando de lado ese traje que te ves obligado a usar en la fría realidad. 

Mi sueño es siempre el mismo, es simple. Me imagino flotando en el espacio, con la Tierra a mis pies, vestido con túnicas oscuras. Dando vueltas sin sentido, sin rumbo aparente. Todo normal hasta el punto en que comienzo a caer. La desesperación viene inmediatamente a mi ser, tengo la sensación de que pronto tocaré el suelo y será el fin. De la nada me detengo; la Tierra ya no está a mis pies. Pero hay algo distinto, una luz al frente mío, brillante y blanca. Observo que se acerca hacia dónde estoy yo, haciéndose cada vez más grande. Pero cuando está a punto de llegar a mi lugar, desaparece.

Siempre es lo mismo, cada vez que duermo, cada noche, cada vez que sueño. Esto me tiene intrigado, pero no desesperado. Siento que la luz es algo bueno. Me da tranquilidad, a pesar de no saber qué es o quién es. Recuerdo esos sueños de antaño, cuando compartía feliz de la vida con una mujer (aparentemente era mi polola en el sueño), disfrutando de la vida. Pero nunca pude distinguirle su rostro. Por mucho pensé que era un presagio, pero ese sueño nunca se convirtió en realidad.

El subconsciente es engañoso; traicionero y cruel cuando se lo desea. Por eso a veces pienso que mi principal enemigo no está en la calle, sino que en mi propia mente. Es debido a esto que no me siento feliz en este mundo y no me siento parte de él, porque sé que mi espíritu no es feliz aquí, en este cuerpo y en este lugar. Me gustaría volar por el espacio, sintiendo los fríos rayos de Sol atravesando mi alma; contemplando cómo viajan las estrellas y cómo son otros planetas. 

Tengo la fe de que algún día encontraré ese algo que me falta, ese complemento que me hará ser feliz y que me permita por fin dejar este lugar. Esa persona o ese algo que me brinde alas y me dé el mejor regalo que me puedan dar, la libertad.


lunes, 4 de noviembre de 2013

El diferente en un mundo diferente.

Nunca comprendió por qué era diferente. Jamás entendió la razón por la cual era mejor estar solo que acompañado por sus pares. En ningún momento se sintió parte de este mundo. No sentía igual que los demás, no se reía de las mismas cosas. Por eso cuando tuvo la posibilidad de dejar todo y partir, no lo dudó por un instante. Partió en búsqueda de algo, de alguien o de cualquier cosa que le brindara lo que hace tiempo añoraba. La historia dice que jamás regresó a esta minúscula mota de polvo. Nadie nunca supo si realmente logró hallar lo que esta tierra y sus habitantes nunca pudieron brindarle. Pero lo único claro, es que desde el momento que emprendió su viaje, la felicidad nunca lo abandonó.

viernes, 27 de septiembre de 2013

El vigía espacial

Sin lugar a dudas es una de las experiencias más maravillosas que me ha tocado vivir. Contemplar la inmensidad de la Tierra desde el espacio es un evento único, inigualable. Pensar en la fragilidad de mi hogar, de su gente, de todos quienes habitan en el planeta. Mientras, yo me dejo llevar en el universo; uniéndome a la oscuridad, dejando que mi alma abandone mi cuerpo. Al mirar desde el espacio siento que me desprendo de la vida terrestre, que por fin soy capaz de alejarme de todo y de todos. Finalmente encontré esa paz que tanto anhelaba. Logré alejarme de la igualdad, y encontrar la diferencia en la soledad. Por eso prefiero no volver, perderme en la inmensidad del espacio, conocer nuevas galaxias. Al fin y al cabo, soy feliz siendo tu vigilante, cuidándote de los peligros que te rodean. Amo ser astronauta, y espero que este sueño nunca llegue a su fin...Ahora soy feliz, solo con la eternidad, siendo tu vigía.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El cambio del amor

Me gusta contemplar tu mirada,
ese resplandor maravilloso cuando sonríes.
Tú haces tu vida, yo la mía,
siempre ha sido así.
Me gusta soñar con un mundo distinto,
en el cual tú y yo estamos juntos.
Una linda utopía sin sentido,
porque sólo pienso en mí.
El amor es egoísmo,
mucho egoísmo.
Por eso prefiero seguir así,
viendo como eres feliz,
como te desarrollas plenamente.
Pero algún día lucharé por ti,
no lo dudes.
El día en que aprenda que tu no eres mía,
sino que somos uno.
Que el amor es capaz de crear mundos,
sensaciones maravillosas.
Una nueva vida pronto llegará.
En la cual el amor sea entendido de forma diferente.
Como la unión de dos almas y dos espíritus.
Por mientras, seguiré siendo feliz al verte pasar. 

El camino de un solitario

Todas las noches tengo el mismo sueño: Yo, sólo, caminado a orillas del mar, descalzo. El cielo está nublado, corre un viento relativamente fuerte. El mar es gris y frío; las olas mojan con cierta brusquedad mis pies. Camino un largo rato por esa playa, sintiendo que no avanzo, escuchando el ruido de las olas, sin nadie más. Siempre es el mismo sueño, nada cambia...

Me gusta contemplar el mar, el ir y venir de las olas; el ruido característico de las gaviotas y la sensación de humedad en el aire. Siempre he asociado la costa con la soledad, con la reflexión; un lugar donde puedo cumplir mi sueño de dejar libre, aunque sea por un rato, mi alma y mis pensamientos. Un lugar para conocerse, para mirar como las huellas del pasado desaparecen y maravillarse con lo que viene. 

Desde pequeño he sido solitario. No sé si por opción propia, pero si por temor. Me gusta y no me gusta estar sólo. Siempre me ha costado confiar, siempre me ha gustado dejar que el resto entre a mi vida. No lo sé, quizás nací para ser solitario. Un escorpión que recorre solo su camino, siempre alerta ante cualquier peligro y dispuesto a atacar cuando sea necesario. 

Siento que el mundo te hace ser solitario. No es capaz de comprender cuando tú eres feliz en tu intimidad, cuando sientes que es mejor sentarte en el pasto a contemplar la inmensidad del cielo a tirar bromas sin sentido en un grupo. No crea que tengo algún grado de autismo, no. Pero no soy de esa mayoría que necesita estar con un gran grupo de personas para pasarlo mejor. Ah...Bueno, lo reconozco. Me gustaría tener más amigos, estar todo el día con ellos. También necesito atención externa de vez en cuando, pero no es algo que no me permita vivir. ¿Me deprime? Claro que sí, pero me hace más fuerte.

Siempre he pensado que este precoz paso por la tierra es para lograr un objetivo, y que la lucha que debo dar para cumplir la meta, debe ser dada de forma solitaria, sólo con la compañía de una espada y un fiel corcel. Por eso soy un gran soñador, porque ahí es donde me convierto en ese caballero medieval que siempre he querido ser. Ese caballero valiente, solitario y reconocido luchador. Cada día trabajo para ser uno, para poder hacer de la soledad una fortaleza, no una debilidad. Todos los días trabajo para que cuando sueñe con esa playa lúgubre y solitaria, sienta que es mi hogar, sienta que es ahí donde mi camino terminará algún día. 

martes, 3 de septiembre de 2013

El laberinto interno.

No sé cuántas horas llevaré caminando. Mis piernas no dan más, la energía se fue, las ganas de salir con vida también. Miro hacía arriba buscando un rayo de luz que logre iluminar mi camino. Mi mirada lentamente asciende, pero nada puede ver. No logro distinguir la izquierda de la derecha, por eso no sé cuánto he caminado. Quizás llevo días y días caminando en círculos, gastando mis pilas hasta el inevitable final.

Decido descansar un momento. Me acuesto sobre el húmedo e incómodo suelo. Siento como algunos bichos festinan con mi debilitado organismo. - Ah, dejemos que sean felices- pienso. Mientras, mi cabeza gira y gira, desesperada, mareada, cada vez más ahogada de tanta humedad. Muchas ideas pasaban como ligeras aves por mi mente. Más de alguna se posaba y podía contemplarla; las demás, con suerte podía verlas. Ya no podía más.

Abrí los ojos nuevamente, sin tener noción del tiempo que había estado inconsciente. Trate de levantarme, pero fue inútil. A esas alturas mi cara estaba roja y ardía con gran intensidad. Mis labios, todos partidos, apenas los sentía, sólo saboreaba, gratamente, la sangre que corría hacia mi boca. Mi tórax estaba bien; la parte superior de mi cuerpo en general no presentaba problemas. Mis piernas resistían, a pesar de las profundas heridas que tenía una de ellas. Tras hacer una breve, pero detallada revisión de mi organismo, hice el último esfuerzo y logré ponerme de pie. No sacaba nada con detenerme un segundo más. Si seguía haciéndolo, más chances le daba a mi enemigo de apoderarse de mi mente y destruirme. No, no quería eso, quería seguir luchando, quería seguir hasta que se me agotaran las fuerzas.

No tenía rumbo fijo, pero sí una meta. No dejaría que el laberinto de mi alma me destruyera. Al fin y al cabo, era parte de mí, yo había creado ese laberinto y debía ser capaz de resolverlo. El bosque se transformaba a cada paso; ahora era un desierto, árido y seco. ¡Podía ver el cielo!, pero éste no era azul, era blanco, todo era de ese color. Un calor enorme se apoderó de mí. Pensé que me desmayaría, pensé que no lo lograría. Avancé unos pasos hasta desfallecer en un mar transparente. Todo lo que me rodeaba desapareció en un instante. Mientras me hundía, comencé a cerrar los ojos. Oí voces de personas que no logré reconocer. Ese mar invisible continuaba apoderándose de mí.

Cerré los ojos completamente, la oscuridad se apoderó del lugar. Pasaron unos breves segundos hasta que sobresaltado desperté. Fue ahí que me di cuenta que había sido derrotado y que el laberinto me había ganado. A pesar de eso, mañana quiero seguir intentándolo, quiero cruzar la selva, para poder encontrar la salida de mi alma interna.